Quienes somos

Taoshi Alianza
Escuela de Amor Tántrico, Astrología y Meditación
Amor Tantra Sexualidad Parejas Astrología Relatos Soledad Servicios


Escríbenos.

 

Neptuno, nuestra necesidad de fantasía idealismo y trascendencia.

Nuestro destino, el centro y hogar de nuestro corazón, Está en el infinito, y sólo allí.
Wordsworth

 

Neptuno era el nombre romano del dios griego Poseidón, el señor de los mares, lagos, ríos y corrientes subterráneas. Como desde siempre el elemento agua está asociado con el mundo de los sentimientos y emociones, Neptuno representa nuestro poder emocional y el mar inmenso -unas veces agitado y otras en calma- de nuestros sentimientos más profundos.

El Paraíso Perdido

La vida en la tierra comenzó en los mares y océanos. Nuestra vida personal también empieza en las aguas primordiales del claustro materno y allí experimentamos el primer sentimiento de unidad con la Totalidad, pues para el feto su madre es el universo entero.

Todo nacimiento tiene algo de traumático y es algo así como la expulsión del Paraíso. A nivel de psicología profunda, el planeta Neptuno simboliza nuestro anhelo y necesidad de retornar a ese Paraíso Perdido, de experimentar de nuevo la Totalidad de donde venimos, de disolver los límites que nos pone nuestro Yo para poder sentir y experimentar la UNIDAD CON LA VIDA

El planeta Neptuno, junto a la Luna y Venus, son las energías o poderes del anima o alma femenina que todos llevamos dentro, seamos hombres o mujeres.. Esa parte de nuestro ser que desea relacionarse, fundirse y unirse a los demás. Tendencia que Neptuno quiere llevar a sus últimas consecuencias.

Esta tendencia de Neptuno -la de disolvernos o perdernos en algo superior- está equilibrada con la del planeta Saturno -quien precisamente quiere separarnos y diferenciarnos de todos los demás-. En los viejos mitos Neptuno y Saturno no se llevaban precisamente bien, como es lógico suponer.

Saturno -el devorador de sus hijos-, quien representa las estructuras y defensas de nuestro Yo, se traga a Neptuno en cuanto nace, pues tiene miedo de su poder y lo que representa. De hecho, muchas personas donde Saturno -lo real, lo racional y lo indivi-dual es muy fuerte- pueden sentir mucho miedo y recelos ante los anhelos de Neptuno queriendo conectarnos con la totalidad de la vida. Entonces se tragan o devoran esta necesidad haciéndola inconsciente.

Si eso sucede, si no damos un mínimo margen a las energías de Neptuno que todos tenemos, pues representa un principio universal, esa fuerza tarde o temprano tenderá a manifestarse de una forma negativa.

Cuando en los mitos Poseidón se enfurecía provocaba grandes tempestades, maremotos, sequías y sobre todo inundaciones. Lo mismo puede sucedernos si reprimimos en exceso nuestra energía emocional: podemos pasar `por una sequía de creatividad, ideas e inspiración, y también podemos ser inundados por nuestras emociones descontroladas y compulsivas, que irrumpen desde las profundidades del inconsciente.

Si justamente hacemos lo contrario. Si Neptuno -nuestros deseos de fusión y unidad- dominan totalmente a Saturno -las estructuras y defensas de nuestro Yo- careceremos de la más mínima fuerza y voluntad para imponernos en la vida. Es necesario y positivo que dejemos a Neptuno un margen de libertad y seamos conscientes de esa voz suya que vive en todos nosotros.

La forma más positiva y armoniosa de darle un sentido es a través de la meditación, la fe en algún ideal, la creatividad artística y la entrega realmente generosa a alguna persona, causa o vocación. En todas esas facetas podemos experimentar que siendo seres individuales y separados de los demás -Saturno- también estamos unidos a la Totalidad -Neptuno.

Las formas negativas o más conflictivas de experimentar la llamada de Neptuno tienen que ver con todas las dependencias en que podemos caer que anulan total o parcialmente nuestra identidad y voluntad personal, como el abuso y la dependencia de las drogas, el caer en manos de sectas destructivas y la entrega compulsiva y desaforada a toda clase de pasiones.

Cuando nos dejamos llevar por la energía de Neptuno tendemos a ilusionarnos con cosas y personas, a ser soñadores, místicos, visionarios, románticos e imaginativos. Básicamente, pretendemos encontrar el cielo en la tierra y, como es natural, tarde o temprano nos sentiremos profundamente decepcionados, heridos y hasta amargados. Nos sentiremos víctimas y culparemos al mundo y los demás por no ser lo maravillosos que esperábamos.

Esta tendencia al victimismo, a ilusionarnos y desilusionarnos continuamente, a buscar incluso alguien que nos redima y nos salve, o tratar nosotros de ser los salvadores, son etapas lógicas en el camino de la evolución, en la toma de con-ciencia y el dominio de las energías de Neptuno. Podemos seguir en esa rueda sin fin hasta comprender que si no podemos conseguir fuera nuestros anhelos debemos buscarlos primero dentro y cuando descubrimos que el gozo y la plenitud que buscamos fuera vive en realidad en nuestro interior, es cuando habremos llegado a ese palacio que hay en lo profundo de nuestro mar emocio-nal y experimentar nuestra auténtica fuerza interior porque el poder del cosmos, de la totalidad de la vida será también nuestro.

Neptuno nos invita a fusionarnos con la totalidad de la vida y su unidad primi-genia, nos invita a descubrir que la divinidad o lo divino está presente en todo y, por supuesto, también en nuestro interior. Ahí es donde debemos encontrarla.

Seguir Mapa Cósmico pinchando en la flecha

© Francisco Pedro Torres Perales http://escueladeamor.com

Volver GranadaMagica

  Menú Escuela Amor Menú Astrología Servicios Cursos Escríbenos